LIBERAR LA TRISTEZA


¿Por qué no llorar cuando sientes que ya no puedes más?

Habrá momentos en que te sientes desbordado/a, sientes que esto es mucho para ti y piensas que no vas a poder afrontar el camino que se presenta conviviendo con la enfermedad.

El impacto del diagnóstico, someterte a pruebas más o menos complicadas, la incertidumbre de los resultados, enfrentarte a cirugías, los efectos secundarios de los tratamientos… Incluso cuando te dan la noticia de que has superado la enfermedad, aunque no quieras y te resistas, todo ello genera cambios importantes en tu forma de vivir y te hace tambalear tus emociones de un momento a otro.

No te culpes si te sientes abatido o triste. Es normal que vivas momentos así.
Poco a poco, o bien de forma repentina, puede invadirte un sentimiento de tristeza que llevas guardando dentro, lo has podido estar evitando, o quizá ocultándolo de ti mismo/a y de cuantos te rodean. No nos ha ayudado, ni nos ayuda pensar y actuar como si nada importante estuviera pasando. Y a la vez, tampoco sería bueno si nos quedamos atascados en la tristeza.

Son muchas emociones que no has dejado salir y que no has expresado, entre otras cosas, porque te has centrado en la parte física de la enfermedad.

De pronto un día te paras y quizá no sabes qué te ocurre, pero sí te das cuenta que no tienes ganas de hacer nada; incluso has perdido el gusto por hacer cosas que antes disfrutabas; no encuentras ilusiones ni motivos para pasarlo bien; prefieres estar solo/a en lugar de estar en compañía de las personas que quieres; también es posible que hayas perdido el apetito y el gusto por comer tus platos favoritos; también el sueño se ha podido ver afectado, ya sea porque tienes dificultades para dormir o bien porque prefieras estar más tiempo acostado. Todo esto es normal que te ocurra en algún momento de la enfermedad, incluso aunque ahora todo fuese bien, es un proceso natural sentirte así. Nos permite situarnos en nuestra realidad y en cómo nos está afectando lo que está sucediendo en nuestro cuerpo.


No pasa nada si sientes ganas de llorar, es más, te vendrá bien que lo hagas para liberar la angustia y malestar que has estado acumulando en estos últimos días, quizá meses. De esta forma, quizá podemos decir que, aunque estemos tristes, esto pasará porque estamos llenos de vida y energía para seguir luchando como hemos hecho siempre. A lo largo de nuestra vida, ya hemos vivido otras situaciones difíciles que hemos podido superar de la mejor manera y que nos han hecho más fuertes, incluso nos han hecho saber y sabemos que también hay motivos y situaciones que nos llenan de alegría y bienestar, son todas esas pequeñas y grandes cosas que nos han hecho apreciar que la vida continuamente nos ofrece situaciones y oportunidades maravillosas.

Aunque no nos guste sentirnos así, es bueno que reconozcamos que ha llegado la tristeza para avisarnos que está aquí y tiene ahora su lugar. Podemos “acogerla y recibirla” con cariño, dejándola que entre y se manifieste, que se exprese y nos deje su mensaje para aceptar lo que vivimos aunque no nos guste lo que nos está sucediendo a consecuencia de la enfermedad.

Además, la tristeza nos avisa que ha llegado el momento de escucharte y de cuidar de tus emociones aquí y ahora. En este preciso instante tenemos que ver y aceptar las cosas tal y como son, llora si tienes que llorar, todo está bien, todo lo malo pasa, la tristeza también, déjala salir, respira paz, respira amor, ten paciencia, date permisos, quiérete, déjate querer!

Sabemos que haces lo posible, y que no siempre es fácil, sobre todo si llevas mucho tiempo sintiendo esta emoción de manera profunda, quizá ahora más que nunca necesitas hacer un esfuerzo añadido, es mucho lo que puedes hacer por ti. Si piensas que ahora no puedes hacerlo solo/a, llámame, estaré encantada de ayudarte.

 ANA GARVÍA, PSICÓLOGA CLÍNICA Y PSICOONCÓLOGA

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